diumenge, 4 de novembre de 2012

Rectificar és necessari. Els Botin, sota sospita (II)



Fa uns dies publicava en aquest espai un article del professor Vicenç Navarro, on es feia ressò d'una sèrie d'articles publicats al The New York Times, sobre la família Botin. Pel que sembla el professor ha estat víctima d'una manipulació del seu article. Jo el vaig penjar al meu bloc estevemartinez.blogspot.com, i gràcies a un lector que m’ha fet veure l’error, crec que és de justícia tornar a penjar l’article “comme il faut”.

No és la primera vegada que succeeix una cosa semblant. Les manipulacions són a l’ordre del dia. Entono el mea culpa per no haver comprovat fefaentment les suposades informacions, però estem realment molt indefensos davant la quantitat d’informació que corre per la xarxa. Avís per a navegants doncs, hem de ser més curosos i més crítics amb tot allò que rebem i es publica, només així ens acostarem a la veritat.



LA BANCA, EL FRAUDE FISCAL Y EL NEW YORK TIMES

Vicenç Navarro
21 de octubre de 2011

El New York Times ha ido publicando una serie de artículos sobre
Emilio Botín, presentado por tal rotativo como el banquero más
influyente de España, y Presidente del Banco de Santander, que
tienen inversiones financieras de gran peso en Brasil, en Gran
Bretaña y en Estados Unidos, además de en España. En EEUU el
Banco de Santander es propietario de Sovereign Bank.

Lo que le interesa al rotativo estadounidense no es, sin embargo, el
comportamiento bancario del Santander, sino el de su Presidente y el
de su familia, así como su enorme influencia política y mediática en
España. Un indicador de esto último es que ninguno de los cinco
rotativos más importantes del país ha citado o hecho comentarios
sobre esta serie de artículos en el diario más influyente de EEUU y
uno de los más influyentes del mundo. Es de suponer que si se
escribieran artículos semejantes, por ejemplo, sobre el Presidente
Zapatero, tales reportajes serían noticia. No así en el caso Emilio
Botín.

Una discusión importante de tales artículos es el ocultamiento por
parte de Emilio Botín y de su familia de unas cuentas secretas
establecidas desde la Guerra Civil en la banca suiza HSBC. Por lo
visto, en las cuentas de tal banco había 2.000 millones de euros que
nunca se habían declarado a las autoridades tributarias del Estado
español. Pero, un empleado de tal banco suizo, despechado por el
maltrato recibido por tal banco, decidió publicar los nombres de las
personas que depositaban su dinero en dicha banca suiza, sin nunca
declararlo en sus propios países. Entre ellos había nada menos que
569 españoles, incluyendo a Emilio Botín y su familia, con grandes
nombres de la vida política y empresarial.

Según el New York Times, esta práctica es muy común entre las
grandes familias, las grandes empresas y la gran banca. El fraude
fiscal en estos sectores es enorme. Según la propia Agencia Tributaria
española, el 74% del fraude fiscal se centra en estos grupos, con un
total de 44.000 millones de euros que el Estado español (incluido el
central y los autonómicos) no ingresa. Esta cantidad, por cierto, casi
alcanza la cifra del déficit de gasto público social de España respecto
la media de la UE-15 (66.000 millones de euros), es decir, el gasto
que España debería gastarse en su Estado del Bienestar (sanidad,
educación, escuelas de infancia, servicios a personas con
dependencia, y otros) por el nivel de desarrollo económico que tiene
y que no se gasta porque el Estado no recoge tales fondos. Y una de
las causas de que no se recojan es precisamente el fraude fiscal
realizado por estos colectivos citados en el New York Times. El
resultado de su influencia es que el Estado no se atreve a recogerlos.
En realidad, la gran mayoría de investigaciones de fraude fiscal de la
Agencia Tributaria se centra en los autónomos y profesionales
liberales, cuyo fraude fiscal representa –según los técnicos de la
Agencia Tributaria del Estado español- sólo el 8% del fraude fiscal
total.

Es también conocida la intervención de autoridades públicas para
proteger al Sr. Emilio Botín de las pesquisas de la propia Agencia
Tributaria. El caso más conocido es la gestión realizada por la ex
Vicepresidenta del Gobierno español, la Sra. De la Vega, para
interrumpir una de tales investigaciones. Pero el Sr. Botín no es el
único. Como señala el New York Times, hace dos años, César Alierta,
presidente de Telefónica, que estaba siendo investigado, dejó de
estarlo. Como escribe el New York Times con cierta ironía, “el
Tribunal desistió de continuar estudiando el caso porque, según el
juez, ya había pasado demasiado tiempo entre el momento de los
hechos y su presentación al tribunal”. Una medida que juega a favor
de los fraudulentos es la ineficacia del Estado así como su temor a
realizar la investigación. Fue nada menos que el Presidente del
Gobierno español, el Sr. José Mª Aznar, que en un momento de
franqueza admitió que “los ricos no pagan impuestos en España”.
Tal tolerancia por parte del Estado con el fraude fiscal de los súper
ricos se justifica con el argumento de que, aún cuando no pagan
impuestos, las consecuencias de ello son limitadas porque son pocos.

El Presidente de la Generalitat de Catalunya, el Sr. Artur Mas, ha
indicado que la subida de impuestos de los ricos y súper ricos tiene
más un valor testimonial que práctico, pues su número es escaso. La
solidez de tal argumento, sin embargo, es nula. En realidad, alcanza
niveles de frivolidad. Ignora la enorme concentración de las rentas y
de la propiedad existente en España (y en Catalunya), uno de los
países donde las desigualdades sociales son mayores y el impacto
redistributivo del Estado es menor. Los 44.000 millones de euros al
año que no se recaudan de los súper ricos por parte del Estado
hubieran evitado los enormes recortes de gasto público social que el
Estado español está hoy realizando Pero otra observación que hace
el New York Times sobre el fraude fiscal y la banca es el silencio
que existe en los medios de información
sobre tal fraude fiscal. Tal rotativo cita a Salvador Arancibia, un
periodista de temas financieros en Madrid, que trabajó para el Banco
Santander, que señala como causas de este silencio el hecho de que
el Banco Santander gasta mucho dinero en anuncios comerciales,
siendo la banca uno de los sectores más importantes en la
financiación de los medios, no sólo comprando espacio de anuncios
comerciales, sino también proveyendo créditos –aclara el Sr.
Salvador Arancibia- “….medidas de enorme importancia en un
momento como el actual, donde los medios están en una situación
financiera muy delicada”. De ahí que tenga que agradecer al diario
que se atreva a publicarlo, porque hoy, artículos como los que publica
el New York Times y el mío propio, no tienen fácil publicación en
nuestro país. Es lo que llaman “libertad de prensa”.

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